¡Exterior! ¡Noche! ¡Ciudad! ¡Verano!
Cientos de prostitútas armadas con machetes
cazan pulpos bajo las farolas.
Se los regalan a sus sobrinos,
que los adiestran y bautizan.
Nombres como 'Sheila' o 'Brian'
son moneda de cambio corriente.
Los pulpos luchan por el sufragio,
y las prostitutas les apoyan,
felices de tener hijos putativos
y de que estos tengan tentáculos.
Preguntan al oráculo por el futuro,
y este responde jovial
"¡Mi nombre termina en 'culo'!"
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