viernes, 4 de enero de 2008

Robin.

Abedull, ¡oh abedul!
Empalado en tí mismo
por los retrasos ferroviarios.
Día tras día, semana tras semana,
fumando la piedra mágica,
verdadero yogur para el alma,
sumido en gozosos sueños lúbricos
de menstruación masculina.
Te prevengo: fácil será que tu fín
llegue durante una partida de parchís.
Más no sere yo,
mi estimado ente arbóreo,
quien por ello te mortifíque.

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